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| DIEGO CANOGAR Hierro, trazos y líneas Institución Cultural El Brocense Cáceres Febrero-Marzo 2010 |
· Catálogo 7.8MB (Para descargar pinchar aquí)
· Lugar: SALA EL BROCENSE. C/ San Antón 19.
· Fechas: Febrero-Marzo 2010
VERDADES… “EN LINEA”
Treinta radios convergen en el eje de una rueda,
y es ese espacio vacío lo que permite al carro cumplir su función.
Modelando el barro se hacen los recipientes,
y es su espacio vacío lo que los hace útiles.
Puertas y ventanas se abren en las paredes de una casa,
y es el espacio vacío lo que permite que la casa pueda ser habitada.
Lo que existe sirve para ser poseído.
Lo que no existe sirve para cumplir una función.
Nada hay más poderoso que el vacío.
(TAO TE CHING, Lao Tse)
Sumergirse en la obra de Diego Canogar es entrar en un complejo pero fascinante terreno donde lo que se ve es tan importante como lo que no está pero podemos construir en nuestro cerebro.
La línea puede convertirse en obra de arte en si misma pero cuanto mayor es el espacio libre alrededor, más nítida y contundente se vuelve. Tanto el mundo exterior como el interior pueden ser representados por líneas y de la combinación de esas líneas, sea simple o compleja, puede surgir color, sonido, ritmo y... sobre todo espacio. Espacio en movimiento, espacio sugerido, espacio limitado... sólo con unas cuantas líneas y la tensión que genera la búsqueda de las posibilidades que proporciona el material.
Puede parecer que la austeridad y la distancia emotiva que, en una visión aparente, se desprende de las obras de Diego le aproximan a la idea constructiva pero el único punto de conexión se produce en el uso de material propio del diseño industrial y su aproximación a la investigación física y matemática. Pero acaba aquí. Su búsqueda de expresión en las formas puras y elementales, en las estructuras primarias, las tensiones que se generan en las piezas curvas, el dinamismo que se desprende de la repetición, más o menos sistemática, de figuras y esa insistencia en bases abstractas pueden llevar a no ver la “pasión” escondida. Muy al contrario, la emoción mental y afectiva esta presente, y constante como un hilo conductor, emoción que Jeanneret calificó de “pasión” entendida como la capacidad del artista para detectar intuitivamente el arte en el mundo real de la naturaleza y de los objetos, para captar un orden dentro del desorden del entorno.
Recuerdo una conversación mantenida con Diego en la que él sostenía que Arte y Ciencia estaban íntimamente ligados y yo le discutía que no puesto que el objeto de la ciencia era la realidad, pura y dura, y el arte creaba su propia realidad aunque los grandes científicos lo fueron por ser sumamente creativos.
Pues bien, ahora podría decir, además, que si el científico puede construir un sistema de leyes, complejo y equilibrado, bajo la superficie caótica de la naturaleza, el artista puede descubrir intuitivamente objetos del mundo exterior que demuestren la existencia de un sistema, exteriorizándolo en sus formas. Porque, al fin y al cabo, todo lo que es posible imaginar se puede reducir a formas, reconocibles o no y lo que se convierte en forma cobra vida...
En consecuencia, las obras de Canogar, “¡Tus obras, Diego!”, ¡están vivas!
Y no dejan de apuntar nuevas vías de investigación. Líneas y formas poseen un contenido expresivo asociado a formas existentes en la naturaleza y, al mismo tiempo, independientes de la misma. Se basan en el mundo externo y en los fenómenos psicológicos que son las emociones humanas y, por lo tanto, en constante movimiento.
Superficie de olas, ejes cristalográficos, estructuras de materia, líneas de grietas caprichosas, pompas de jabón, volutas de humo o juegos de material industrial perforado... Todo sirve como referencia para hacernos sentir la verdad del mundo físico, la verdad del espacio. Ese espacio que, como el mismísimo Oteyza señaló, “sólo existe para el hombre porque el hombre no existe para el espacio”.