Actividades
DIEGO CANOGAR
Hierro, trazos y líneas

Complejo Cultural Santa María
Plasencia

Abril y Mayo de 2010
El título de esta exposición, alude a que me planteo mis esculturas, que están hechas preferentemente de hierro, como si fueran dibujos en tres dimensiones y las paredes y suelos blancos son mis hojas. De hecho, muchas de mis piezas cuelgan de una pared porque necesitan asegurarse ese espacio sereno que brinda un muro pintado de blanco.

De algunas de las piezas se podría decir que pertenecen, sobre todo, a las esculturas hechas a base de trazos. Trazos gruesos, amplios y severos que se retuercen en el aire. La historia de este tipo de piezas comienza en la que llamo “Enroscada”, que está a la derecha nada más entrar en él patio, de cómo al torsionar secciones de chapa perforada, descubrí las ricas posibilidades expresivas y plásticas que se me abrían al variar los perfiles utilizados. Buscando a partir de allí nuevos efectos, desarrolle las series “vértices”, “cruces”, “aros” y “Tetramorfos”, representados en esta sala.

Estas piezas son quizás las sala más abstractas y pictóricas, pues están creadas a base de añadir y repetir un esquema básico que se va extendiendo y buscando su proporción perfecta, como haría un pintor en un lienzo. Como si ese pintor consiguiera que sus brochas y espátulas fueran dejando pintura allí en medio del espacio. El metal de estas esculturas está definido por el espacio vacío que las rodea. Al moverse uno por la habitación se aprecian en las piezas y en sus sombras, siluetas cambiantes que asemejan una caligrafía oriental.
 

Las demás piezas de la sala, las de las series “olas” y “losas”, en su mayoría, representan un enfoque de trabajo distinto. Son como dibujos que han cobrado vida. Y sus líneas definen un espacio y sobre todo lo atrapan y limitan. Y ¿qué atrapan? ¿Aire? ¿Luz? El espectador es libre de escoger el contenido y de definir también su superficie y así decidir el tipo de continente que prefiere.

Hay planos que se curvan, fisuran y agitan. En cierto sentido son más escultóricas, pues las piezas parecen generadas a partir de un material sin definir que luego ha sido excavado, tallado y horadado. Los dibujos hechos en un ordenado son virtuales mientras permanecen allí, definen quizás edificios por hacerse. Mis esculturas aspiran a ser virtuales. Quieren pertenecer al mundo de las ideas, a la caverna de Platón. El aire que parece que atrapan se les escapa entre los hierros y así, paradójicamente, sus límites parecen vibrar por pura indefinición.

 

Diego Canogar - 19 de abril de 2010

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