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ROBERTO CAMPOS
"interior"
Marzo - Abril 2008
SALA "EL BROCENSE"
Cáceres
A Sonsoles, por tantas cosas...
CATÁLOGO DE ROBERTO CAMPOS "interior" (PDF)
LA VOCACIÓN EN EL ARTISTA
(Extracto de la entrevista realizada por Paloma Girona a Roberto Campos en Noviembre de 2007)
Paloma Girona¿ Nunca has tenido duda con tu vocación como pintor?
Roberto Campos. Yo siempre he tenido duda con mi vocación, creo que es lo que hay que tener. En la creación,
desde mi punto de vista, nunca existe la certeza, vas trabajando a impulsos de duda y Dios quiera que dure mucho
tiempo.
El pintar un cuadro y pensar “qué maravilloso soy y nunca voy ha hacer nada mejor”, primero es un aburrimiento
y luego es una utopía. De hecho los casos en los que alguien se recrea en el trabajo personal, son trayectorias
artísticas bastante fallidas, -quizá exitosas-, pero el fin del trabajo es la evolución y esa evolución se basa en la
duda.
No sé si después de quince años soy mejor o peor pintor, o más seguro vocacionalmente. Siempre hay una
inseguridad que es bastante saludable en cualquier labor creativa, todo lo demás sería caer en algo casi
egocéntrico. Por otro lado, me veo cada vez más capacitado estéticamente para hacer otras cosas que no son
necesariamente cuadros, pero que surgen de la inquietud o necesidad de investigar en otros campos. Por mi
incorporación a un tipo de lenguaje que yo hace un tiempo desconocía, se te plantean una serie de demandas
que tal vez los materiales tradicionales no pueden solucionar, ya que hay una serie de herramientas, como puede
ser el ordenador, que te pueden aportar cosas. Si hace diez años me hubieran dicho que iba a realizar una
exposición como la del año pasado con impresión de plotters industriales hubiera pensado que era una locura.
Ahora para mí es interesante el que no haya esos compartimentos estancos entre pintura, escultura, arte digital...
cada vez hay que verse capaz de hacer más cosas que se pueden o no llamar pintura pero que están dentro del
discurso general de lo que yo quiero contar.
Por otro lado, veo la trayectoria de los artistas como una gran historia que se está contando desde la primera
hasta la última obra. Una pieza aislada, puede tener el simple valor del hallazgo, pero lo importante es estar
mucho tiempo contando cosas que a su vez tengan que ver con todo un recorrido. Cada obra está dentro del
discurso general del artista y no es fundamental, sino que tiene su sentido dentro de una corriente de cosas que
cuenta. Yo utilizo a menudo el método de hojear cien o doscientas fotografías de obras mías a lo largo del tiempo,
e intentar ver un sentido global a toda esa obra, y te das cuenta de que entre las diferentes etapas, o series de
trabajo, siempre existe varias piezas que realizan la función de nexo o eslabón entre unas y otras.
P.G. Centrándonos en tu obra, se ve claramente por los títulos de tus exposiciones “All around” “Frágil” “Itinerarios
“ “Mares y desiertos” “El primer hombre” que reflejas al hombre curioso del que hablaban los clásicos ¿hay algún
eje central en tu obra o en ti?
R.C. Sí, sí tiene que haber una especie de “corpus” (suena grandilocuente, pero no es así) de continuidad en lo
que estás contando. Lo ideal sería que todo fuese muy razonado. La tendencia es que cuando tú empiezas una
serie nueva quieres romper con la anterior pero al fin y al cabo, al ser elementos estéticos arrastras tu propio
bagaje y tampoco te puedes deshacer de él. No es tan fácil En las imágenes digitales de las que te hablaba,
curiosamente, -a pesar de que el medio es tan distinto- la mayoría de la gente me reconocía, porque había una
serie de elementos bastante recurrentes en mi trabajo.
P.G. ¿Y de fondo? Lo que te inspira a ti ¿algún motor, un interés...?
R.C. Una constante bastante presente es el tema arquitectónico. Pero siempre, en cada serie, hay una especie de
fondo literario, no elegido al azar. Realmente son piezas literarias que por casualidad o por lo que quieras, “se te
cruzan” en el momento oportuno, cuando tú estás reclamando una vuelta más de tuerca. Por ejemplo cuando
viajé a Roma, cayó en mis manos la obra “Paseos por Roma” de Sthendal y tuvo mucho que ver de la manera que
yo desarrollé esos trabajos. O “Las ciudades invisibles de Calvino” que tuvieron que ver con otras series. El último
ejemplo, la exposición de “El primer hombre”, era una serie que trataba sobre la arquitectura pero desde el punto
de vista de la memoria, y tomaba el título de la autobiografía de Albert Camus.
Especialmente en las páginas en las que relata el hallazgo de la tumba de su padre en el norte de África, y
reflexiona sobre el hecho de que el hombre -el primer hombre- allí enterrado es más joven que el mismo en ese
momento. Somos el trazado de un personaje que itinera por diferentes sitios y va dejando unos rastros. En el
mismo sentido en que los sitios dejan algún rastro en nosotros. Fue una obra que me sugirió un título para el
trabajo que yo estaba haciendo y también casi filosóficamente tenía mucho que ver con lo que estaba realizando
en aquel momento.
P.G. Lo que tu al final haces con la mano, es fruto de un proceso de ebullición interior, extraes de filosofía, de ideas,
de autores…
R.C. Cada vez ese trabajo es más importante y va teniendo más peso. Al fin y al cabo la mano tiene unas
limitaciones con las que nacemos y creo que desarrollamos hasta una cierta edad. He aprendido a hacer un tipo
de trabajo…¡he aprendido a hacer Robertos Campos! Dentro de eso, intento introducir nuevos elementos, dentro
de lo limitados que somos los artistas por una manera propia de ver las cosas y de plasmarlas. En este momento,
por ejemplo, las obras tienen en común, a parte de la utilización de una serie de colores concretos, -que ya
aparecían en la serie “Crowded” en la galería Astarté esta misma temporada-, su propia apariencia, más cercana
al objeto, y los mismos soportes, en los que intento descartar la imagen del típico “cuadro”. Por otro, una de las
cosas que más me emociona, es descubrir a un artista internacional, que no tiene nada que ver con mi cultura y de
repente me veo muy cercano, es hablar el mismo idioma con alguien que tiene 60 años y vive en California o en
Inglaterra por ejemplo. Es muy interesante el sentirte parte de una cierta corriente, que creo que en cierto modo
alivia un poco la sensación de incomprensión o travesía en el desierto, inherente a toda labor creativa.
P.G. Conectan personas que tienen distintas inquietudes y convergen en unas mismas ideas...
R.C. Conectan obras, no personas. Tal vez, veo la obra de un artista del que no tenía referencias, y me siento que lo
que yo estoy contando está muy cercano a esas obras… siempre hay una tendencia a intentar ser muy personal,
muy innovador pero por otro me reconforta cuando conecto con otros artistas. Me siento a veces mucho más
cercano a una cosa muy lejana en el espacio. De hecho a veces alguien te comenta que ha visto en alguna
publicación una pieza que esta seguro que es tuya, y tal vez no conozco ni al autor, pero notas que se reconocen
una serie de rasgos comunes que la gente los identifica con tu obra. Eso es una especie de idioma internacional
que supera los vínculos de países y continentes. Eso en cuanto a lo que es arte contemporáneo que a ti te influya.
Luego influyen muchas otras cosas, lo que lees, lo que ves.
Cada vez soy más permeable, en el sentido de que me influyan otras disciplinas como la arquitectura, el diseño
industrial, el diseño gráfico, la prensa, hasta una revista de moda, desarrollas la habilidad de extraer cosas, es
algo similar a una especie de escaneo, hojeo revistas o cosas que no tienen nada que ver con el arte directamentey
esa facilidad de ver cosas te hace encontrar elementos que pueden ser útiles en tu trabajo.
Por otro lado, se da la paradoja de que eres muy permeable en cuanto a observar cosas, y a la vez, eres,-o intentas
ser- cada vez más personal. Por eso creo que cada vez, soy menos variable, más definido. Dentro de esa corriente
de la que hablaba antes, la imagen más gráfica es la de ir caminando por una linea bien definida, pero de vez en
cuándo, te adentras en un sendero más difuso y desconocido, para volver, después al camino inicial.
P.G. He leído sobre ti y tu obra se afirma lo siguiente “Roberto, hombre tranquilo, que disfruta de su trabajo, que
ama la cultura…porque ha aprendido que la sensibilidad es lo único que puede dignificar al hombre ¿tu también
lo ves así?
R.C. Yo creo que según el mundo que nos toca vivir y según nos movemos en él, a mí me ayuda, o me aísla o me
reconforta de muchas otras cosas , y me parece que realmente como persona aficionada o observador de arte,
cuando encuentras a alguien que disfruta del arte, algo mucho más que un hobby, o una afición, y que completa
una visión mucho más sensible de todo cuanto nos rodea. Cuando conoces alguien que sigue tu trabajo, a
veces ocurren cosas curiosas. Recuerdo, en Alemania donde suelo exponer regularmente, en la galería en
Colonia, siempre había una persona que compraba el cuadro más pequeño y más barato de la exposición. Una
vez, tuve la suerte, en Art Cologne de conocer a este señor. Lo realmente sorprendente, era el cariño, la pasión, y la
absoluta precisión con las que hablaba de las diez o doce piezas mías, conociendo su tamaño exacto, fecha de
ejecución, titulo, y serie a la que pertenecía. Son hechos que te reconfortan, porque al final, como este es un
trabajo bastante solitario, supongo que será la sensación del escritor cuando es leído, y conoce a sus lectores. Pues
el que alguien realmente haya llegado al fondo del trabajo , te da bastante satisfacción. Era jardinero.
P.G. Tu como artista, creo que eres un totalmente libre, ¿es así se confirma que puedes ser libre o puede ser que tu
u otros se vean obligados a hacer un tipo …
R.C. Yo soy afortunado, en el sentido de que al no haber entrado a fondo en todo este maremágnum que
hablábamos al principio. Más que alguien te diga lo que tienes que hacer, es bastante común el hecho de que hay
gente que con una cierta fórmula alcanza éxito de público y es complicado decir “bueno pues ahora voy a dejar de
hacer esto y a ver si se me reconoce”. Jugar a despistar al público es bastante arriesgado. Creo que es bastante
curiosa la gente que se ha tirado 15 o 20 años… pintando lo mismo.Siempre pongo el ejemplo de Morandi un
artista italiano que yo admiro, que siempre pintaba sus cuadros pequeños, moviendo tres o cuatro objetos, una
especie de bodegón una especie de cubismo, muy sintético, con una luz, con otra. Muy interesantes, no salió hasta
los 60 años de su pueblo, su vocación o pretensión no era revolucionar el arte contemporáneo y, para mí en gran
medida lo consiguió. Esa filosofía, o símil, de ser capaz con tres o cuatro objetos de realizar algo realmente
grande, me parece admirable. Me preguntabas sobre la obra mediatizada, hay ejemplos clarísimos, artistas que
por asegurar que su trabajo, por simple ego, u otro tipo de condicionamientos, que se les reconozca en la obra y
el miedo a cambiar, se ve encerrado en seguir produciendo siempre la misma obra. Yo tengo la suerte de
encontrarme en una situación, donde no existe esa presión, y siento cierta satisfacción al darme cuenta de que el
espectador me reconoce en mis cambios y en cierto modo me acompaña en esta extraña travesía sin destino fijo.
P.G. En un libro que estoy leyendo, la protagonista realiza una afirmación “el arte es la sublime inutilidad”… ¿Lo
ves así o estás de acuerdo con esa afirmación?
R.C. Hombre no tiene una utilidad, si utilizamos el concepto más vulgar de utilidad, y es cierto que de las obras se
puede prescindir, pero te remito a la historia del coleccionista que te contaba antes. Por otro lado, sería una utopía
el decir lo contrario, pero sí, yo creo que es una especie de lujo intelectual y muchas veces veo mi trabajo y mi vida
desde fuera, y piensas realmente, que te gustaría que el arte en general fuese algo más común en la educación y
en la vida de la gente, y con arte me refiero a arte en general, música, arquitectura, etc.…
Afortunadamente, ves que sí te das cuenta, realmente es casi un milagro que ciertas cosas sigan existiendo. Una
sublime inutilidad.
P.G. ¿Qué pecados y virtudes encuentras en el mundo del arte, del artista?
R.C. Está todo muy mediatizado, realmente el arte se ha convertido en una cuestión de cifras. Las grandes ferias de
arte internacionales, bienales, las subastas, contribuyen positivamente en la difusión del trabajo de los artistas,
pero al mismo tiempo son susceptibles de ser utilizadas como “comodín” que sirve para cualquier cosa, y creo que
de cara al espectador profano pero con cierta curiosidad, más bien le alejan de llegar a disfrutarlo. Por otro lado, y
dejando las políticas culturales aparte, la propia creatividad se ve favorecida por los medios de producción
actuales, y la difusión de las mismas es inmediata, con lo cual, hay movimientos a los que cuando todavía se les
está buscando nombre, desaparecen.
P.G. ¿No se puede haber caído en el mundo del arte en cierta banalidad? Antes el arte era considerado algo
extraordinario, único, exclusivo… ahora hay tal proliferación de artistas que uno dice ¿realmente hay tantos
artistas?
R.C. En cierto modo se da y se fomenta. Mi caballo de batalla son las instituciones. Existen hoy gran cantidad de
becas y facilidades para que un artista en sus inicios pueda dar a conocer su trabajo, - que yo en los míos he
disfrutado- pero también, esta facilidad, puede falsear la realidad, en el sentido de crear “artistas” de la noche de
la mañana. Pero lo que tú preguntas ¿Quién va a quedar? ¿Quién no va a quedar? Si yo quiero saber el cine o la
música que va a quedar, eso es un trabajo personal, nadie te va a dar esa labor hecha. Yo insisto siempre en, que
la capacidad de selección del espectador se fomenta con la constancia y el estudio, que dará como resultado lo
que llamamos criterio.
P.G. Picasso marcó la pauta, él ha sido un antes y un después. ¿Tenemos ahora cientos de miles de Picassos?
R.C. Claramente, no. Antes las ideas tardaban mucho más en difundirse, todo era más por irrigación, casi en
cámara lenta, ahora, como te decía antes, el tiempo que pasa entre la producción de una pieza, y su difusión
pública es mínimo, con lo cual, las ideas viajan a la velocidad de la luz, pero con el riesgo de “quemarse” igual de
rápido. Esto unido a los medios digitales etc. nos pueden hacer pensar que hay más “genios” de lo que nos
creemos. Participando en un taller con Luis Gordillo, él se planteaba en voz alta la duda, y al mismo tiempo nos la
lanzaba a nosotros, de si un artista podría salir de la nada, es decir sin ninguna formación, y un desconocimiento
absoluto de la historia del arte, sin saber quien era Picasso, Velázquez, Warhol, etc… y es tal vez un poco triste,
pero estuvimos de acuerdo en que si. A mí me parece interesante la formación del artista pero hoy el concepto de
formación artística creo que ha cambiado totalmente, y se parece más a “infamación”. Me interesa mucho porque
lo he sufrido en mis carnes, en el sentido de viajar, conocer, y el abrirme a “otras mundos”. Sí se nota la carencia de
formación o como te digo de información en la obra de un artista.
P.G. Tu pintura se englobaría ahora mismo en algún tipo de corriente o es ¿Roberto Campos?
R.C. Como te decía antes, no existen hoy corrientes artísticas en el sentido tradicional, o lo hacen de un modo
efímero, y tanto es así que ni siquiera podemos trazar una clara frontera entre disciplinas como ha sido tradicional,
y nos enfrentamos a un tipo de obra híbrida de varias de estas. Personalmente, me parece interesante que se haya
prescindido de los tradicionales compartimentos estancos en los que se “colocaban” las obras. Me gusta estar ahí
entre cosas que son difíciles de definir, es cierto que mi obra utiliza la geometría, pero mi geometría es de “mano
alzada” que responde tal vez a la utilización de materiales tradicionales y quizás a seguir teniendo fe en que la
pintura como lenguaje sigue plenamente vigente. Siempre se pretende aportar algo realmente importante al
desarrollo del arte contemporáneo, son para mí un ejemplo a seguir, como te nombraba antes a Morandi, los
artistas que yo llamo “del silencio”, que siguen desarrollando un trabajo y una trayectoria coherente, que choca
con la grandilocuencia que suele acarrear el arte actual más pretencioso. Cada vez aprecio mas las pequeñas
obras, que nos dejan realmente sin respiración, lejos de esa obsesión actual por el formato de las piezas, que
realmente demanda la situación actual.
En cuanto a mi proceso de trabajo, una parte es el procedimiento mecánico y otra cosa es tu manera de trabajar
que es mucho más directa, y como te decía antes, siento que mi trabajo a veces se podría englobar dentro de un
grupo de artistas que precisamente tienen en común el hecho de no ser fácilmente definibles. Es para mi
interesante por ejemplo el trabajo de Terry Winters, Robert Ryman, Helmut Federle, Gunter Forg, Campano, Greg
Bogin, Hernández Pijoan, Rene Daniels, etc...
P.G. España siempre ha sentado una huella desde el punto de vista artístico. ¿Ahora mismo España está dejando
huella?
R.C. Te remito a lo de antes, vivimos una actualidad tan global, que todo es diluido y parecido. La huella de lo
genuinamente español, como lo genuinamente ruso o checo, ahora mismo ya no sabes diferenciar. El arte,
tradicionalmente, respondía a periodos y a movimientos, ahora, nos guste o no vivimos en unos momentos tan
Light, que no se si contribuyen a provocar un arte típicamente español. El ejemplo puede ser el del grupo el Paso,
cuyas imágenes eran de transición, muy dramáticas, muy negras. Cuadros negros, desgarrados, muy
mediatizado políticamente, pero tenia su justificación y casi su origen en sus circunstancias políticas y sociales,
una vez superadas estas, creo que el artista real, es capaz de crear nuevas obras en ausencia de aquellas que las
justificaron, y el que no lo es tanto, seguirá realizando un trabajo muy similar.
P. G.¿Cual es tu visión del arte en este momento?
R.C. El arte está como ha estado siempre, pero si ha cambiado bastante el escenario y los personajes-sobre todo
el protagonismo de estos- en eso de límites tan difusos que llamamos, “el mundo del arte”. Es un mundo muy
complicado, un mundo con muchos intereses, muy politizado.
Desde que yo empecé a trabajar profesionalmente hace 15 años, ha habido por ejemplo figuras como la del
comisario de exposiciones como decimos nosotros,-curator, es el termino ingles mas usado- ha multiplicado
enormemente importancia.
Creo, que en cierto modo, se ha dado la vuelta a la pirámide. Yo siempre pongo la imagen de la pirámide
invertida. En el sentido de que para mí lo fundamental es la obra de arte, estaría en la punta de la pirámide,
después estaría el artista, y después todo lo demás….
Ahora la pirámide está invertida con la punta hacia abajo, la obra está abajo del todo, no en la punta. En muchos
aspectos, la estructura del mundo del arte, se asemeja a una estructura de poder, y ciertamente creo que se ha
perdido un poco la perspectiva y la justa dimensión de las cosas, te encuentras de repente en medio de una
conversación supuestamente artística, donde parece que lo que menos importa es la obra, y predomina todo lo
demás. No se, es difícil de explicar.
Paloma Girona Hernández